La comida pesa menos en el presupuesto… pero se lleva casi un tercio del gasto de los hogares con menos ingresos
Cuando pensamos en el presupuesto de la casa, la comida suele aparecer como un gasto más, junto al alquiler, la luz o el transporte. Pero no lo es. Lo que comemos influye directamente en nuestra salud, en cómo crecemos y en cómo aprendemos; y, si lo vemos en grande, en el desarrollo humano de todo un país. Por eso, garantizar el derecho a una alimentación adecuada no se reduce a que haya comida en los supermercados y las ferias: significa que todas las personas puedan conseguir, de forma regular, alimentos suficientes, inocuos (es decir, que no representen un riesgo para la salud), nutritivos y acordes con su cultura.
En Costa Rica, los alimentos y las bebidas no alcohólicas son uno de los principales gastos de los hogares. Sin embargo, entre 2018 y 2024 su peso dentro del presupuesto bajó. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH)[i], en 2018 casi una cuarta parte del gasto de consumo de los hogares (23,8%) se destinaba a la comida; en 2024, esa proporción bajó a menos de una quinta parte (19,3%). En plata, el gasto mensual promedio por hogar en este rubro pasó de 138.098 colones a 132.548 colones (INEC, 2018 y 2024).
Para entender mejor estas cifras, conviene ordenar los hogares según sus ingresos y dividirlos en cinco grupos del mismo tamaño, llamados quintiles: el primero (quintil I) reúne al 20% de los hogares con menores ingresos y el quinto (quintil V), al 20% con mayores ingresos. Al analizar los datos de esta forma aparecen dos hallazgos importantes.
El primero es que la proporción del gasto dedicada a la comida bajó en todos los quintiles entre 2018 y 2024. La caída más fuerte se dio en el segundo quintil -los hogares que están justo por encima de los de menores ingresos-, donde el peso de la alimentación se redujo 5,8 puntos porcentuales (pp). En el quinto quintil, el de mayores ingresos, la reducción fue de 2,6 pp (gráfico 1).
Gráfico 1. Porcentaje del gasto de consumo destinado a alimentos y bebidas no alcohólicas, por hogar según quintila/

a/Los quintiles de ingreso se obtienen al ordenar los hogares, por ejemplo, en un país o región determinados, desde el hogar con menos ingresos al que reporta más ingresos y luego dividir esos hogares en cinco partes iguales. A los quintiles generalmente se les asigna el nombre Q1, Q2, Q3, Q4 y Q5. El 20% de los hogares con menos ingresos representa el primer quintil, es decir, Q1, y el 20% con más ingresos representa el quinto quintil o Q5.
Fuente: Vargas-Valverde (2026) con datos del INEC (2018) y (2024).
El segundo hallazgo llama más la atención, los hogares con menos ingresos siguen dedicando una parte mucho mayor de su presupuesto a comer. En 2024, los hogares del quintil I destinaron un 32,2% de su gasto de consumo a alimentos y bebidas no alcohólicas; es decir, unos 32 de cada 100 colones. En el quintil V, esa proporción fue de 13,4%, alrededor de 13 de cada 100 colones.
Esto no significa que los hogares de menores ingresos gasten más dinero en comida que los de mayores ingresos, ni que se alimenten mejor; lo que muestra es que la comida se lleva una “tajada” mucho más grande de los recursos que tienen disponibles y eso importa desde la perspectiva de la seguridad alimentaria y nutricional (SAN). Si el presupuesto es ajustado, cualquier aumento en el precio de los alimentos golpea más fuerte. Los hogares con menos recursos suelen tener menor margen para absorberlo sin recortar otros gastos esenciales o sin cambiar la cantidad y el tipo de alimentos que compran.
Las diferencias también se notan en el territorio. Como muestra el gráfico 2, tanto en 2018 como en 2024 los hogares de la zona rural dedicaron una parte mayor de su gasto a la comida que los de la zona urbana, aunque en ambas zonas ese peso disminuyó. Algo parecido ocurrió en las regiones de planificación: la proporción del gasto en alimentos bajó en cinco de las seis regiones, con cambios de distinta magnitud. Las mayores reducciones se registraron en las regiones Huetar Norte, Chorotega y Brunca, donde la caída superó a la nacional (4,5 pp). En la Huetar Caribe, la diferencia entre ambos años no es estadísticamente significativa; dicho de otro modo, con los datos disponibles no se puede afirmar que haya cambiado.
Gráfico 2. Gasto de consumo destinado a alimentos y bebidas no alcohólicas, por hogar según zona y regióna/ (porcentaje)

a/ La línea punteada muestra la diferencia entre años no es estadísticamente significativa al 95%.
Fuente: Vargas-Valverde (2026) con datos del INEC (2018) y (2024).
Estos cambios nos dicen cómo están repartiendo los hogares su dinero, pero por sí solos no permiten saber si su alimentación mejoró o empeoró desde el punto de vista nutricional. Que se gaste menos en cierto tipo de alimentos puede deberse a que bajaron los precios, a que se compran cantidades distintas o a que cambiaron los hábitos de consumo. Y que se gaste más puede responder a esas mismas razones, sin que eso implique necesariamente que se consumen más nutrientes. Por eso es importante distinguir entre cuánto dinero se destina a comprar alimentos y qué tan variada y de buena calidad es realmente la dieta.
Otro rasgo del gasto de los hogares costarricenses es que se concentra en relativamente pocos productos. Tanto en 2018 como en 2024, apenas diez alimentos acapararon más de una cuarta parte de todo lo que se gastó en este rubro. Entre ellos destacan el arroz en grano entero, el café empacado y los huevos de gallina.
Aunque la composición general del gasto se mantuvo parecida entre ambos años, sí hubo cambios en algunas categorías. Para verlo más fácil, pensemos en cada 10.000 colones que los hogares gastan en alimentos. En 2018, 2.130 colones se iban en pan y cereales; en 2024, esa cifra bajó a 1.846. En dulces y golosinas pasó de 619 a 489 colones, y en frutas, de 675 a 579 colones. En cambio, ganaron espacio el café y el té, el pescado y los mariscos, las otras bebidas no alcohólicas, y los aceites y grasas (INEC, 2018 y 2024).
En resumen, que la comida pese menos en el presupuesto entre 2018 y 2024 sugiere que la forma en que consumen los hogares costarricenses se está transformando. Pero las brechas que persisten entre grupos de ingreso y entre zonas del país nos recuerdan que todavía hace falta estudiar más a fondo si las personas y las familias tienen la capacidad económica para acceder, de manera estable, a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos.
Estos resultados también confirman algo clave: necesitamos más y mejor información sobre consumo, precios, calidad de la dieta e inseguridad alimentaria. Solo así las decisiones públicas podrán basarse en un conocimiento más preciso de la realidad de los hogares y traducirse en intervenciones pertinentes y dirigidas a quienes más lo necesitan.
Referencias bibliográficas
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2018). Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2018. San José: Instituto Nacional de Estadística y Censos.
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2024). Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024. San José: Instituto Nacional de Estadística y Censos.
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2025). Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024. Resultados generales. https://admin.inec.cr/sites/default/files/2025-12/reIngreGastInformeEnigh2024.pdf
[i] Un detalle importante: en la ENIGH 2024 el INEC introdujo cambios metodológicos, entre ellos una reducción de cerca del 40% en el catálogo de productos y la adopción de una nueva clasificación del gasto. Según el propio INEC, estos cambios pueden afectar la comparación exacta con la encuesta de 2018, aunque no impiden analizar la tendencia de los principales indicadores (INEC, 2025).