jueves 3 febrero, 2022

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Este domingo: vote por TODA la orquesta y por la música que quiere escuchar

¡Llegaron las elecciones 2022! Este domingo, están encima. Ya sea usted de las personas con la decisión tomada o no, este mensaje propone dos cosas: a) valoremos las promesas de las candidaturas presidenciales según la realidad del país, porque no todo lo que estas prometen está en sus manos y, b) pensemos muy bien a quiénes vamos a poner en la Asamblea Legislativa. Puede que tengamos el ojo puesto en solo una de las decisiones difíciles que tenemos en la mano. Creemos que vamos a elegir a quien dirige la orquesta, y no a las trompetas y violines que, en realidad, darán o no la sinfonía que queremos. No todas las acciones están, realmente, solo en manos de la persona que ocupará la Presidencia.

Es usual responsabilizar al Ejecutivo por todo lo que pasa. Pocas veces se analiza la responsabilidad que tiene la Asamblea Legislativa (la mamá de los tomates en varias cosas) que usted y yo elegimos. Quien gobierne puede proponer e impulsar cosas en el Congreso, pero materializar estas propuestas no es tan sencillo. Veamos un par de datos: hace dos décadas, 8 de cada 10 leyes que se aprobaban en el país eran iniciativa del Ejecutivo; hoy solo 2 de cada 10 leyes aprobadas vienen de Zapote. De hecho, de la agenda que propone el Gobierno al Congreso, en promedio solo se aprueba el 2%[i]. En suma: la inmensa mayoría de normas por venir serán propuestas por los futuros diputados y diputadas que elegiremos el 6 de febrero.

¿Qué tiene que ver esto con la decisión de voto? Todo. Una parte de la campaña se basa en la idea de una Presidencia superpoderosa. Hace algunas décadas, era normal que quien ganaba el Ejecutivo “dominaba” el Congreso. La realidad de hoy es muy distinta. Hay más partidos en la Asamblea Legislativa, los Ejecutivos por sí solos no la dominan y, tras de todo, cada vez más congresistas se autodenominan “independientes” y se van de su partido (20% en este último congreso). Entonces, cuando se evalúan promesas, hay muchos factores: ¿de quién depende? ¿a quién pongo como votante para que lo decida?

Como un ejercicio no exhaustivo, mencionaremos algunas cosas en las cuales el Congreso tiene un peso fundamental y no dependen solo del Presidente o Presidenta, porque i) requieren necesariamente aprobación legislativa en lo sustantivo, ii) no pueden resolverse por decreto, al menos en todos sus alcances y, iii) pueden ser sometidas además al control de la Sala Constitucional:

  • Crear, modificar, eliminar o dejar de cobrar impuestos. El Ejecutivo puede mejorar su recaudación, evitar la evasión, usarlos mejor o peor. Puede proponer reformas tributarias al Congreso también; pero los cambios de fondo los hacen los diputados y diputadas y no se pueden someter a consulta popular.
  • Cambiar los derechos laborales establecidos en la Constitución y las leyes. El Ejecutivo no puede ampliarlos ni reducirlos, o decidir solo sobre lo que se hizo en la pandemia para “suavizarlos mientras tanto”. No puede modificar los aspectos de fondo del empleo, sea público o privado, sin aprobación del Congreso en lo sustantivo. Puede mejorar el cumplimiento de derechos (socar la faja al sector privado cuando no paga salarios mínimos, socar la faja al público cuando pague de más sin evaluación o control). Puede ampliar la inspección laboral, proponer mejoras en las condiciones y calidad del empleo. Y, sobre todo, impulsar la generación de mayores oportunidades de trabajo. Pero solo la Asamblea puede modificar la legislación y los derechos laborales ahí plasmados.
  • Avanzar, retroceder, matizar, debilitar o fortalecer los derechos humanos reconocidos por la Constitución o las leyes. El Ejecutivo puede ayudar a que se cumplan, definir los mecanismos de control o hacer propuestas para modificarlos en el Congreso. Y puede hacerlo bien o mal para hacer cumplir esa protección. Pero la responsabilidad de los instrumentos internacionales y derechos reconocidos en la Constitución y las leyes, son responsabilidad de diputados y diputadas.
  • Regalar, vender, concesionar o “poner en el mercado” los recursos naturales protegidos por la normativa; aprobar medidas legales para volver al extractivismo del pasado, reducir, ampliar o cambiar las reglas de las áreas silvestres protegidas; en todo esto, los diputados y diputadas tienen la mayor responsabilidad. Un cambio de fondo en la explotación de recursos naturales y del territorio pasa por el Congreso, el control constitucional, tratados internacionales e incluso por los gobiernos locales, en algunas cosas.
  • Cambiar el esquema institucional del Estado social de derecho, en lo sustantivo, implica cambios legislativos. El Ejecutivo puede modificar aspectos operativos en el Gobierno central, mejorar su eficiencia, tomar decisiones informadas y evaluar y mejorar el desempeño del personal y las entidades. Puede proponer una reforma del Estado. Pero requiere de la Asamblea para el cambio de fondo, que por cierto el país ha postergado por décadas.
  • Por último, la Presidencia no define las reglas de financiamiento de los partidos políticos. No puede hacerlos más o menos débiles, ni pedir cuentas sobre las “platas oscuras”. Tampoco define las leyes de fondo para la prevención y castigo de la corrupción, aunque sí puede crear normas institucionales (decretos, directrices) para mejorar los controles, evitar sus propias acciones corruptas y fortalecer las instituciones clave para combatirla. Pero solucionar la impunidad, mejorar la ley, la persecución o el castigo, pasa por el Congreso y por el Poder Judicial. Tampoco será quien escoja ciertos puestos relevantes para el país, como las magistraturas del Poder Judicial y del Tribunal Supremo de Elecciones, centrales para la democracia, o la Defensoría de los Habitantes, clave para la vigilancia de los derechos humanos; todos estos son competencia del Congreso.

Por todo esto, es bueno ponernos de tarea como ciudadanos y ciudadanas examinar al menos tres cosas: a) no solo enfocarnos en las personas, ver el proyecto político (para qué, para quién y cómo se quiere gobernar); b) valorar críticamente las promesas de campaña, no solo con un filtro para entender el “humo” que venden mediante promesas generales (ver análisis de programas de gobierno del PEN en votemoscr.com/propuestas-de-gobierno), sino cuestionando qué realmente puede o no hacerse y en qué condiciones, en el marco de las relaciones entre poderes Ejecutivo-Legislativo-Judicial de nuestros tiempos; y c) pensemos, con la misma o más atención, por quién votar para diputados y diputadas. Una inmensa parte de lo que nos va a definir el futuro saldrá (para bien y para mal) de ahí, gane quien gane la Presidencia.

 

[i] Con base en los análisis del capítulo Fortalecimiento de la democracia de los Informes Estado de la Nación.

Merino Trejos Leonardo

Autor:

Merino Trejos Leonardo

Lectores

Villareal Fernández Evelyn, Vargas-Cullell Jorge, Brenes Solano Vera, Jiménez Fontana Pamela, Alfaro Redondo Ronald, Gómez Campos Steffan, Peña Chacón Mario y Rodríguez Calvo Susan.