viernes 30 septiembre, 2022

Artículo

Envejecimiento poblacional: un logro en desarrollo humano con importantes retos

La población costarricense está envejeciendo. Gracias a los avances en el campo de la salud pública y la atención preventiva, la esperanza de vida se ha disparado. Junto a este logro del desarrollo humano vienen retos enormes para el país: el crecimiento de este grupo poblacional es el más acelerado y constante, las condiciones de baja escolaridad de estas personas, el alto porcentaje de hogares en condición de pobreza, cada vez más pequeños y con menos presencia de personas ocupadas que complementen los ingresos; una responsabilidad de jefatura con miembros del hogar dependientes que no cesa. Todos estos factores se traducen en retos importantes, tanto para mantener los logros alcanzados como para afrontar las nuevas necesidades que esta población requiera.

De acuerdo con datos del último Censo Nacional de Población, en el 2011 el 7,2% de los habitantes correspondía a personas de 65 años o más de edad. Las proyecciones más recientes estiman que para el 2022 esta proporción ronda el 9,6%, aproximadamente 501.155 habitantes. Se espera que para el 2050 (CCP-UCR, 2013), alcance el 20,2% de la población total en el país. Este cambio en la estructura poblacional hace que Costa Rica esté caminando hacia un importante envejecimiento de su población, como se mencionó anteriormente, esto es producto del esfuerzo que ha realizado el país para que tanto hombres como mujeres tengan hoy una esperanza de vida al nacer de 78 y 83 años, respectivamente (Gráfico 1).

Gráfico Esperanza de vida al nacer La región Central y, en general, las zonas urbanas del país concentran históricamente la mayor cantidad de personas adultas mayores.  En el primer caso esta población se estimó en cerca de 450 mil personas versus 212 mil en el resto del país, representando una razón de 2 a 1. Por su parte, estimaciones realizadas con la Encuesta Nacional de Hogares, realizada por el INEC, indican que la mayoría de esta población (75,3%) son residentes urbanos, mientras en la zona rural la proporción bajó de 36,6% a un 24,7% en el período 2000-2021.

En varios indicadores sociales, la población adulta mayor muestra situaciones de desventaja que afectan su calidad de vida. Por ejemplo, el nivel educativo que es un determinante directo en el acceso a oportunidades laborales y una mejor remuneración, muestra datos poco alentadores, la proporción de personas con secundaria incompleta o menos (es decir, “no calificada”) era de un 89% a inicios de siglo (2000) y aunque bajó a un 77% en el año 2021, sigue manteniéndose en un nivel sumamente alto. Sólo un 9% alcanzó la secundaria completa. Si se considera como una cohorte al grupo de 65 a 75 años en la actualidad y se observan las actividades económicas en las cuales tuvieron mayor participación en años anteriores, se observa que sectores como agricultura, ganadería, comercio, servicio doméstico, industria manufacturera y construcción concentraron alrededor del 55% de la población ocupada.

Por otra parte, el aseguramiento es fundamental para la atención temprana de la salud, así como para garantizar una pensión al finalizar la etapa laboral. En los últimos 21 años, en promedio, el aseguramiento de la población adulta mayor se ha distribuido de la siguiente manera: un 63,2% han logrado tener aseguramiento por ser pensionados, un 3,8% no ha estado asegurado de ninguna forma, y un 32,6% si ha tenido acceso al seguro social, pero por otras formas que no son por jubilación. Estos dos últimos datos son relevantes pues se trata de una situación que dispara múltiples consecuencias tanto en lo individual como en su círculo familiar más cercano, pues no se dispone de un ingreso monetario derivado de una pensión.

Otra situación que se ha identificado es que cada vez más hogares tienen jefaturas adultas mayores. A inicios de siglo este porcentaje era de un 9,5%, hoy en día asciende a 16,5% del total de hogares costarricenses. Este hecho resulta problemático porque la cantidad de personas perceptoras de ingresos por trabajo pasó de 1 a 0.8 por hogar en un periodo de 21 años. Ambos elementos generan una fuerte presión en términos de vulnerabilidad, pues cada vez más, los ingresos de este grupo dependen del monto de su pensión. Aunado a lo anterior, el nivel de pobreza (medido por ingreso) de los hogares con jefatura adulta mostró niveles superiores al promedio nacional en el periodo 2000 a 2008, no obstante, con una tendencia muy favorable, pues pasa de 28,0% a un 16,4%, respectivamente; a partir del 2009 presenta una relativa estabilización, muy similar el promedio nacional (Gráfico 2).

Gráfico con jefatura de persona adulta mayor en condición de pobreza

Una seguridad social con alcance universal, un sistema de salud que permite la atención temprana y preventiva ha dado como resultado un logro significativo en el desarrollo humano de la población, hoy en día la esperanza de vida (CCP-UCR, 2008) alcanza los 83 años para las mujeres y 78 años para los hombres. Sin embargo, este logro camina de la mano con importantes retos: en el mediano plazo el país debe ser capaz de aumentar su capacidad de atención en los servicios especializados, con un acceso sencillo y rápido; la tecnología no debe ser una barrera, al contrario, debe estar ahí para todos, ser fácil, sencilla y sobre todo una población usuaria informada y capacitada. El sistema de salud debe ser capaz de movilizarse hacia el paciente, las dificultades físicas, económicas y geográficas siempre son factores latentes para un acceso limitado a estos servicios esenciales, el país debe estar un paso adelante.

El envejecimiento poblacional no es solo un asunto de atención en salud, los planes nacionales en cualquiera de sus dimensiones deben contemplar esta realidad, un transporte adaptado, edificios y arquitectura amigables con una población que lo necesita.

La deserción o abandono temprano de la educación formal es un reto constante para las nuevas generaciones. Empleos precarios y sin respeto a las garantías laborales mínimas, se tornan en una peligrosa fórmula, con resultados sumamente desfavorables en lo inmediato y futuro. Una pirámide poblacional cada vez más ancha en su parte superior con una base cada vez más pequeña, no es una formula fácil de equilibrar, el reto es lograr que esa base pequeña sea lo más sólida posible, con educación de calidad y planes que garanticen la permanencia o recuperación para quienes lo necesiten. Un mercado capaz de ofrecer oportunidades nuevas de trabajo, mejor remuneradas y en cumplimiento de garantías sociales.

Ser una persona adulta mayor no es ni será una carga, es un logro, un triunfo país, es de admirar, el reto está en aprender de lo vivido, garantizando el mejor porvenir de nuestros mayores actuales y futuros.

 

Referencias bibliográficas

CP-UCR. 2008. “I Informe estado de la situación de la persona adulta mayor”. En: <https://bit.ly/3LUzW63>.

CCP-UCR. 2013. “Proyecciones Nacionales de Población de Costa Rica 1950-2100. En:  <https://bit.ly/3y2aN3G>.

INEC. Varios años (2000-2009). Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples (EHPM). San José: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

INEC. Varios años (2010-2021). Encuesta Nacional de Hogares. San José: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

INEC. (2011). X Censo Nacional de Población y VI de Vivienda. San José: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

Segura Carmona Rafael

Autor:

Segura Carmona Rafael

Lectura crítica

Merino Trejos Leonardo, Román Vega Isabel y Rodríguez Calvo Susan